Mi mente es como una botella de champagne... Cada día se le ocurren cosas nuevas, y los pensamientos antiguos están al borde de la explosión.
Si hace apenas dos semanas pensaba que cuando volviera a verte mi mundo se vendría encima y caería de repente todo ese muro que se había forjado durante todos estos meses, justo en el momento en que te ví me di cuenta de que ya mi trabajo habia terminado, y con gran éxito. Ya no se me removían esas cosquillitas en el estómago, ni me puse nerviosa al verte... ¡Ya te olvidé!
¿Sinceramente? Me sorprende. Creí que volvería a ilusionarme de la nada. Pero me equivocaba.
Me mentiría a mí misma si dijsese que no me he acordado en estos días de ti, pero ahora es de una manera distinta: ahora no sé si lo que siento se puede definir... Es una mezcla entre rabia y pena. No pienses mal, o si. Rabia porque aún todavía me querías engañar. Te recuerdo que, por suerte o por desgracia, no me fío de las personas que ya me han hecho daño, y tú, querido, me lo hiciste. ¿Pena? Pues pena sinceramente porque arriesgaste algo bueno que tenías conmigo para probar una segunda parte que creías sería buena. Pero te equivocaste. Sí, es completamente lícito que te equivoques, de eso trata la vida. Lo que considero que es ilícito es que quisieras tan siquiera pensar que yo volvería a caer. No sabes cuánto he cambiado en tan poco tiempo, no sé si para bien o para mal. No lo sé...
Ahora mis prioridades son otras que no tienen nada que ver con los sentimientos, de ningún tipo.
Decir que no tengo a nadie en mente sería una auténtica falacia, pero no me preocupa. Sé que en algún momento de mi vida nos cruzaremos. Espero que sea pronto, pero si no es así, tampoco es algo que me quite el sueño.
Tampoco sé si es a raíz de que terminé mi última relación fabriqué una coraza anti-amor que cubriera todo mi corazón hasta el punto de no preocuparme por nada de eso, pero me siento feliz así.


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