Se acerca la Navidad, esa época en la que todos estamos felices y todo es maravilloso...
He de ser sincera: no me gusta la Navidad. No me gusta el tener que estar contenta y ser más generosa sólo porque son estas fechas. Es más, esta última etapa del año, estoy más triste que nunca...
Es cuando más echo de menos a aquellos que ya no pueden estar junto a mí, y que nunca pude decirles un adiós, sino un hasta luego, sin saber que ya jamás volvería a verles...
También, en este último mes del año es cuando te empiezas a plantear esos errores cometidos en este último año, y comienzas a plantearte cuán feliz eras el año anterior, y cómo ha cambiado todo en tan sólo 365 días... Vas dándote cuenta de lo vieja que te estás haciendo, y de que todo lo que has hecho en tu vida, no ha sido suficiente...
Además, en estas "estupendas fechas" es cuando más despilfarro de comida hay. Gastamos cientos y cientos de euros en comer a cuerpo de reyes... ¿No nos damos cuenta de toda la gente que no tiene nada para comer un día normal, que muchísima gente está muriendo de hambre en el resto del planeta? ...No lo veo justo...
Sinceramente, y quiero que no prime el materialismo, pienso que el mejor día de la Navidad, es el día de Reyes. Sí, visto desde fuera parece frívolo, pero si nos paramos a pensar, ése es el día en que la ilusión aflora... Nos sentimos como cuando éramos niños, esperando ver aquel manto de ese rey entrando por la ventana de casa cuando abrimos cada paquete envuelto... ¡Qué felicidad sientes cuando por fin lo abres! ¿Y cuándo eres tú el que regala? ¡Qué ilusión te hace ver la cara de curiosidad y a la vez de sorpresa de esa persona que está abriendo el presente!, ese presente que tú compraste con todo el cariño e ilusión del mundo... Esa es la verdadera Navidad.

No hay comentarios:
Publicar un comentario