lunes, 15 de marzo de 2010

La princesa de Jorge Bucay...

Había una vez una princesa, que quería encontrar un esposo digno de ella, que la amase verdaderamente. Para lo cual puso una condición: elegiría marido entre todos los que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro del palacio donde ella vivía, sin separarse ni un solo día. Se presentaron centenares, miles de pretendientes a la corona real. Pero claro al primer frío la mitad se fue, cuando empezaron los calores se fue la mitad de la otra mitad, cuando empezaron a gastarse los cojines y se terminó la comida, la mitad de la mitad de la mitad, también se fue. Habían empezado el primero de enero, cuando entró diciembre, empezaron de nuevo los fríos, y solamente quedó un joven.Todos los demás se habían ido, cansados, aburridos, pensando que ningún amor valía la pena. Solamente éste joven que había adorado a la princesa desde siempre, estaba allí, anclado en esa pared y ese muro, esperando pacientemente que pasaran los 365 días.
La princesa que había despreciado a todos, cuando vio que este muchacho se quedaba empezó a mirarlo, pensando, que quizás ese hombre la quisiera de verdad. Lo había espiado en Octubre, había pasado frente a él en Noviembre, y en Diciembre, disfrazada de campesina le había dejado un poco de agua y un poco de comida, le había visto los ojos y se había dado cuenta de su mirada sincera. Entonces le había dicho al rey:

- Padre creo que finalmente vas a tener un casamiento, y que por fin vas a tener nietos, este es el hombre que de verdad me quiere.
El rey se había puesto contento y comenzó a prepararlo todo. La ceremonia, el banquete e incluso, le hizo saber al joven, a través de la guardia, que el primero de Enero, cuando se cumplieran los 365 días, lo esperaba en el palacio porque quería hablar con él.
Todo estaba preparado, el pueblo estaba contento, todo el mundo esperaba ansiosamente el primero de Enero. El 31 de Diciembre, el día después de haber pasado las 364 noches y los 365 días allí, el joven se levantó del muro y se marchó. Fue hasta su casa y fue a ver a su madre, y ésta le dijo:

- Hijo querías tanto a la princesa, estuviste allí 364 noches, 365 días y el último día te fuiste. ¿Qué pasó?, ¿No pudiste aguantar un día más?
Y el hijo contestó:

- ¿Sabes madre? Me enteré que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo y, a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor, pudiendo hacerlo, no me evitó una sola noche de sufrimiento. Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento no merece de mi, Amor, ¿verdad madre?

Cuando estás en una relación, y te das cuenta de que pudiendo evitarte una mínima parte de sufrimiento, el otro no lo hace es, porque todo se ha terminado.



Jorge Bucay...

1 comentario:

  1. Si te quiero, te dejo ir...

    Sentada, observando a las personas que sólo pasan; pretendiendo estar interesada en los problemas de mi prima. Me pregunto el motivo de la nostalgia que me acompaña y entonces. Boom! muchas preguntas, dudas, intrigas, pasan por mi mente; preguntas que quizá nunca encontrarán una respuesta, de esas que se quedaron en una galaxia desconocida y que a cualquier humano racional le daría miedo explorar por temor a encontrarse con algo que no creía que existía.

    Pero yo, quien siempre juego a ser “la invencible”, hice ese viaje en segundos. Algunas veces las personas creen ver algo que no existe, que ya no está o como decía mi abuela al comentar una telenovela: "No hay peor ciego que el que no quiere ver”.

    Y sí, no quería ver ni escuchar a los demás, me faltaba voluntad para dejarlo ir, era parte de mí y si se iba se llevaba la mitad de mi vida. Quería tenerle ahí por siempre a pesar que en el fondo muy en el fondo sabía la verdad, esa verdad a la que le tenía tanto miedo y repulsión. No entendía que era lo que había hecho mal, no encontré razón ni motivo para un "ya no te amo" de tu parte ni tampoco para romper una promesa de amor eterno, pero ya, ya las cosas estaban dichas, el corazón ya estaba roto, de pronto quise llorarte, suplicarte que no me dejaras con todo el amor que tenía para darte y decirte que por favor lo intentemos de nuevo que la culpable de todo era yo, pero algo me detuvo… de la nada apareció mi héroe ese héroe que me salvo más de una vez y el único que nunca me abandonó… mi dignidad.

    Me aguante una lágrima, le sonreí, baje la mirada y le dije: “si quieres esto está bien”, aceptó lo que dije y se fué a paso firme muy seguro de lo que hacía, sabía que no ibas a volver atrás, mientras veía como se alejaba, quería correr detrás de él, abrazarle y decirle “amor te amo, no me dejes” pero ya todo estaba perdido...

    De pronto... Oí que alguien me conversaba, era mi prima. Había regresado del viaje de los “Porqués”, aunque inconcluso, fue reconfortante para mí de alguna u otra manera, recordé algo que mi mente había escondido muy bien; lo pensé una, dos, tres veces mientras viajaba de regreso a casa.

    Ahora todo estaba muy claro, me di cuenta que ya era hora de cerrar aquel libro extraño que relataba a un amor tormentoso, que al final se volvió un amor-odio que quizá luego fue recíproco; en el que princesa entregó mucho más que aquel príncipillo de pacotilla que decía amarla y que nunca lo hizo.

    Pero bueno, esa ya es otra historia..

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